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Una exposición organizada por el Ministerio de Vivienda en Madrid propone nuevas formas para aprovechar el espacio urbano.

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La Arquería de Nuevos Ministerios de Madrid acoge hasta el 26 de diciembre los capítulos 3 y 4 de la exposición Rehabitar en nueve episodios. La nueva muestra se divide en dos apartados: Rehabitar la calle (3) y Rehabitar las plantas bajas (4).

Organizada por el Ministerio de Vivienda, la exposición es, tanto en su diseño como en los contenidos, resultado del trabajo llevado a cabo por el grupo de investigación Habitar, del departamento de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad Politécnica de Cataluña.

Rehabitar la calle es un ensayo que tiene como objetivo el aprovechamiento del espacio urbano para devolverle su carácter de lugar público, reflexionando a su vez sobre los usos que pueden desarrollarse y sobre la recuperación de otros espacios que se han abandonado. La idea de partida es que, por lo general, en las calles de las ciudades abundan elementos poco domésticos, como el asfalto, las farolas, los coches; lo que sería el lenguaje propio de una infraestructura. Ante esto, se propone domesticar la calle, lo que significa alejarla de la configuración de infraestructura y acercarla mediante elementos y actividades a su condición de lugar, asumiendo toda la complejidad que este concepto supone. En este sentido, si domesticar proviene de domus, casa en latín, podríamos decir que una calle domesticada es aquella en la que uno se siente como en casa.

El grupo Habitar propone “la aceptación sin complejos de un desorden aparente que no es más que la expresión de nuestra convivencia”. En este sentido, aclaran que “conseguir domesticar la calle no requiere ni demasiadas obras ni demasiados gastos. Defendemos el uso de la prueba antes que las caras y molestas reformas que nos asolan constantemente”. “Para probar nuestras experiencias sólo se necesita sentido crítico, voluntad y un par de conos, quizá, para cortar el tráfico”, concluyen.

Rehabitar las plantas bajas

El segundo apartado de la exposición, Rehabitar las plantas bajas, quiere ser parte de una estrategia para revitalizar las calles, extendiendo hacia las mismas la riqueza de las actividades interiores. La idea es contagiar el carácter de lo doméstico diluyendo los límites de lo público.

La propuesta consiste en incentivar usos que reconsideren las antiguas pero cada vez más vigentes relaciones entre el trabajo y el hogar, capaces de sacar partido a las cualidades distintivas de la planta baja y evitar el deterioro de la vida social, dando un nuevo uso a tantos locales desocupados.

Desde hace años, se constata en las ciudades una reducción del pequeño comercio fruto de la deslocalización de los grandes centros comerciales en la periferia urbana. Con las plantas bajas clausuradas, la calle pierde actividad, limpieza, luz y sensación de seguridad y decae como espacio público de convivencia.

Partiendo de esta base, los responsables del montaje de la exposición ponen un ejemplo para comprender este efecto desertizador: “Basta con desmontar los locales activos de un centro comercial y reubicarlos, por separado, en las plantas bajas de un barrio residencial que haya perdido el comercio. Comprobamos la gran extensión de calles afectadas, reducidas a vías para el paso de vehículos con los que llegar al centro comercial”.

Un montaje acorde con el mensaje de la exposición

En esta exposición se reflexiona sobre la utilización del espacio urbano y por eso el propio montaje de la muestra se adapta a esta idea. En lugar de utilizar las salas de la Arquería, se ha optado por el desarrollo de la muestra en el exterior, entre los arcos a través de los que se accede a la misma y al patio interior de Nuevos Ministerios.

La primera sorpresa que ofrece la exposición es una reproducción a gran tamaño del cuadro de Paolo Veronesse Cena en casa de Levy, el cual ha sido elegido porque, aunque según el nombre de la obra se representa una cena que se desarrolla en una casa, resulta difícil definir el espacio que acoge la escena, ya que éste se asemeja más bien a una calle que, sin embargo, sugiere domesticidad.

Las dos partes de la exposición se desarrollan en una gran mesa de 25 metros de largo. La misma ha sido cubierta en su totalidad con una tela plastificada en la que aparece pintada una calle. A lo largo de esta vía se han dispuesto fotografías acompañadas de textos en los que se dan ideas de los usos que se puede dar al espacio urbano.

La Arquería (Paseo de la Castellana, 67) permanece abierta de martes a sábado (de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 horas) y los domingos y festivos (de 10.00 a 14.00 horas). La entrada es gratuita.

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