Una vivienda experimental instalada en el campus de Teatinos de la Universidad de Málaga (UMA) permite probar soluciones bioclimáticas pasivas capaces de disminuir la sensación térmica hasta diez grados en su interior sin necesidad de energía. Se trata de una casa-patio para investigar cómo reducir el calor sin consumo energético, un proyecto que es posible gracias a la Fundación Todobarro que ha reinventado esta vivienda experimental.

La edificación consta de una casa levantada en torno a un patio y se ubica en mitad de un parking de asfalto donde el efecto de isla de calor urbano se hace muy acuciante debido a la falta de arbolado, aumentando mucho la temperatura del entorno. La vivienda experimental, rodeada por modernos edificios institucionales de la Ampliación de Teatinos, ha sido presentada la semana pasada en un acto con la presencia de autoridades universitarias e investigadores.
Vivienda ‘Lab Patio 2.12’
La vivienda ‘Lab Patio 2.12’ es un prototipo ideado por alumnos de Escuelas Técnicas Superiores de Sevilla, Granada, Jaén y Málaga (en el caso de la UMA, de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura). El proyecto consiguió el segundo premio de la competición internacional Solar Decathlon Europe, celebrada en Madrid en 2012.

Por entonces, el objetivo era crear una casa energéticamente eficiente, capaz de ofrecer confort térmico con el menor consumo posible. Para lograrlo, se emplearon varios sistemas activos, como las lamas motorizadas que cubren su techo de cristal; las mismas que debían adaptarse a las condiciones de luz natural del día, permitiendo o disminuyendo la penetración de luz y calor solar.
Con el paso del tiempo, el proyecto quedó prácticamente abandonado. Pero hace unos años, la Fundación Todobarro, con el apoyo del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), lo recuperó para darle una nueva vida y convertirlo en un laboratorio habitable que emplease sistemas bioclimáticos completamente pasivos. Todo ello con un objetivo: estudiar cómo conseguir el mayor bienestar térmico con ningún consumo energético.
De esta forma, el proyecto de renaturalización del entorno de la Casa Patio 2.12 surgió como evolución de un prototipo concebido para el concurso Solar Decathlon, para después reinterpretarse como una pieza construida que transforma un espacio residual del campus en un ámbito de encuentro y confort climático.
Proyecto de renaturalización del entorno de la Casa-Patio 2.12
El objetivo principal del proyecto ha sido convertir las piezas cerámicas en el núcleo de un sistema arquitectónico que ya no se limita a cerrar o revestir, sino que construye un microclima, regula la calidad del aire y da soporte a la vegetación.

El ámbito de actuación se sitúa en la franja dura que separa el edificio Ada Byron del espacio exterior del campus, en una superficie asfaltada y carente de arbolado y sombra. La intervención reorganiza este vacío mediante la construcción de un patio expandido, que desborda la huella original de la Casa Patio 2.12 y coloniza el asfalto mediante un cinturón cerámico y vegetal, creando un espacio abierto, poroso, vegetado y habitable, donde la cerámica vista articula bancos, celosías y perímetros capaces de generar bienestar ambiental sin recurrir a sistemas activos de climatización. Así, actúa como una infraestructura climática a pequeña escala, demostrando el potencial del material cerámico como soporte de una arquitectura sostenible, experta en la gestión pasiva del clima mediterráneo.
Estrategias tradicionales de las viviendas mediterráneas
La Fundación Todobarro, que trabaja con la Cátedra de Cambio Climático de la UMA, junto con la Cátedra Bilba de Arquitectura Ambiental Industrializada y la Fundación Innovarcilla, se han inspirado en las estrategias tradicionales de las viviendas mediterráneas.
Se han instalado dos paneles de celosías de barro a uno y otro lado de la vivienda, orientados estratégicamente según los vientos predominantes en esa zona. Gracias a su estudiada geometría, lograda a través de impresión 3D, se consigue crear el efecto Venturi, que acelera la velocidad del aire que pasa a través de ella y expulsa el más caliente hacia el exterior.

Además, este efecto puede potenciarse gracias al riego por goteo de las mismas, que se activa cuando el termómetro supera cierto número de grado. De esta forma, al pasar a través de la cerámica mojada, el aire se enfría por evaporación, generando corrientes más frescas en el interior de la casa. De hecho, el sistema es más eficaz conforme más aprieta el calor: cuanto más sube la temperatura fuera, más se nota la diferencia dentro.
Cerca de estos muros cerámicos hay otras dos paredes recubiertas con distintas pieles rugosas de barro. Una de ellas estructura un jardín vertical con un sistema de riego integrado. Aprovechando la evapotranspiración que esto genera, disminuye la temperatura en el interior de la vivienda. Y la otra es una pared cerámica, que también se moja con una cantidad muy pequeña de agua cuando el calor aprieta, y que explora el comportamiento térmico del barro cuando trabaja como superficie evaporativa. Su porosidad le permite retener la humedad y liberarla progresivamente, favoreciendo la refrigeración pasiva del entorno.
Jardín regulador del calor y hub de investigación bioclimática
Tipológicamente, el proyecto funciona como una pieza híbrida entre plaza, patio y jardín. La disposición de los bancos cerámicos genera perímetros de estancia, mientras que las celosías, la pérgola y la vegetación construyen gradientes de sombra y filtro visual que protegen del sol directo, mejoran la sensación térmica y aportan una escala más doméstica y acogedora al entorno del volumen investigador.
Para potenciar el confort térmico del interior, la casa ha sido rodeada de un nuevo jardín, poblado por una cuidadosa selección de especies mediterráneas y especies resilientes a entornos urbanizados para soportar las olas de calor malagueño con el mínimo de agua necesaria. La distribución de estas especies responde también a criterios bioclimáticos, estableciendo las zonas en las que debe haber mayor intensidad según la sombra o el frescor deseados.
Asimismo, se ha establecido una amplia zona de emparrado que asombrará un lateral del exterior y, gracias a ello, servirá de refugio climático a alumnos y personal de la Universidad. En un futuro, llegará a cubrir la construcción completamente, creando un ‘techo vegetal’ sobre la cubierta que permitirá pasar la luz en invierno y resguardará la casa en verano.
Este jardín se pondrá a disposición de toda la comunidad académica, por lo que se han creado en él varios espacios de descanso. Actúan como bancos los propios gaviones de los parterres, creados a imagen de los tradicionales muros de piedra en seco con los restos de barro descartados de las celosías. Y gracias a su propia condición, estos gaviones contribuyen a retener la humedad del terreno, airean las raíces y generan espacios habitables para fauna e insectos locales.
Por otro lado, se han implementado en el espacio bancos de cerámica realizados a mano en Andalucía. Su superficie absorbe calor lentamente durante el día y lo libera poco a poco durante la noche, contribuyendo a regular térmicamente el ambiente.
Al ser una vivienda experimental, todos los elementos y estrategias se encuentran en constante medición. Según los resultados que este trabajo en vivo vaya arrojando, podrán implantarse definitivamente o cambiar. De momento, los primeros datos, obtenidos con las actuaciones que ya se han puesto en práctica, revelan que en el interior de la casa-patio se consigue una sensación térmica de entre cinco y diez grados menos que en el exterior.
Además de servir de laboratorio, el interior del inmueble se empleará como sede de tres instituciones: la Cátedra de Cambio Climático de la UMA, la Cátedra Bilba de Arquitectura Ambiental Avanzada y la Fundación Todobarro. De esta manera, se convertirá en un hub de investigación bioclimática y de economía circular del que se espera que surjan nuevas soluciones para afrontar el futuro de la vivienda sostenible.