El Atlas de vulnerabilidad al calor identifica cómo aumentarán las olas de calor y la necesidad de refrigeración en los municipios españoles de más de 40.000 habitantes entre 2000 y 2050, y permite identificar qué ciudades combinan una mayor exposición al calor con mayores vulnerabilidades urbanas y una menor capacidad económica de adaptación. La herramienta prevé que los días anuales con ola de calor se tripliquen, en valor mediano, en las ciudades analizadas, mientras que la necesidad de refrigeración de los hogares crecerá un 65% en el mismo periodo.

El atlas ha sido elaborado por el think tank urbano trescientosmil y el Departamento de Ciencias de la Tierra del Barcelona Supercomputing Center en el marco del proyecto europeo Impetus4Change, I4C. Su objetivo es comparar las amenazas climáticas con factores de vulnerabilidad del entorno urbano, como la calidad de la vivienda, la vegetación urbana, el acceso al abastecimiento cotidiano y la renta personal.
El análisis advierte de que los entornos urbanos y sus edificaciones tendrán que afrontar unas condiciones climáticas para las que no fueron concebidos, lo que exigirá adaptar el parque residencial para mantener su habitabilidad. Esta capacidad de adaptación estará condicionada, además, por los recursos económicos de la población.
Mapa de vulnerabilidad al calor en las ciudades españolas
El atlas muestra un patrón territorial diferenciado: aunque todas las ciudades experimentarán un aumento del calor, la intensidad de este cambio será muy diferente y partirá además de situaciones climáticas distintas. El sur peninsular concentra los mayores incrementos previstos en la necesidad de refrigeración, mientras que el litoral catalán y balear lidera el aumento de las olas de calor. En el extremo opuesto, el norte atlántico registra los cambios más moderados en ambas amenazas, en parte por unas condiciones climáticas de partida más favorables.

Estas diferencias se superponen a desigualdades ya existentes entre ciudades. Algunos municipios no solo afrontarán un aumento más intenso del calor, sino que además presentan peores condiciones de vivienda, menor calidad del verde urbano, menos acceso a servicios cotidianos o una menor renta disponible para financiar obras de adaptación.
Granada aparece como una de las ciudades con un incremento elevado tanto del número de olas de calor como de la necesidad de refrigeración. El atlas señala que esta evolución agrava una situación climática ya exigente y que la baja calidad relativa de la vivienda y del verde urbano aumenta la exposición, aunque la ciudad cuenta con una capacidad adaptativa comparativamente favorable.

Madrid presenta sobre todo un aumento de la necesidad de refrigeración, acompañado de un crecimiento más moderado de las olas de calor. La baja intensidad de la vegetación urbana se identifica como su principal debilidad, en un contexto de elevada capacidad adaptativa y muy buen acceso al abastecimiento cotidiano.
Barcelona registra principalmente un incremento del número de olas de calor, con una subida más contenida de la necesidad de refrigeración. En su caso, el reto señalado también es la escasa intensidad de la vegetación, aunque el atlas la sitúa en un contexto de alta capacidad adaptativa, buena calidad de vivienda y elevado acceso al abastecimiento cotidiano.
Andalucía y el litoral mediterráneo concentran riesgos diferenciados
Las ciudades andaluzas parten de algunas de las condiciones climáticas más exigentes del país y figuran entre las que registrarán mayores aumentos de temperatura y de necesidad de refrigeración durante las próximas décadas. Linares encabeza el ranking nacional de incremento previsto de la necesidad de refrigeración, seguida por La Rinconada, Sevilla, Alcalá de Guadaíra, Córdoba y Écija.
El caso de Gandía muestra que la vulnerabilidad no se limita al sur peninsular. El municipio valenciano presenta un aumento moderado de las olas de calor y un incremento más acusado de la necesidad de refrigeración. Además, combina calidad de vivienda y acceso al abastecimiento cotidiano en niveles medios con una renta situada entre el 25% de municipios con menos recursos considerados en el atlas, lo que limita su margen para afrontar las próximas décadas.

En la cornisa cantábrica se localizan las ciudades con menores incrementos previstos tanto en días de ola de calor como en necesidad de refrigeración. Torrelavega, Siero, Gijón, Oviedo, Avilés y Santander aparecen entre los municipios mejor situados ante ambas amenazas por su clima de partida.
Santander y A Coruña representan los perfiles de menor vulnerabilidad dentro del atlas. Ambas combinan evoluciones climáticas favorables, tanto en olas de calor como en necesidad de refrigeración, con una vivienda, una vegetación y un acceso al abastecimiento cotidiano por encima de la media, en un contexto de renta alta. A Coruña presenta como punto relativamente más débil la calidad media de su parque residencial, aunque se mantiene en niveles medios. Santander, por su parte, registra incrementos reducidos tanto en olas de calor como en necesidad de refrigeración.
Indicadores urbanos y climáticos del atlas
La herramienta estructura la descripción de cada ciudad en torno a seis indicadores. Dos miden la intensidad de las amenazas climáticas: la necesidad de refrigeración y las olas de calor. Otros tres reflejan otras tantas dimensiones del entorno construido que explican sus posibles debilidades: la calidad de la vivienda, la calidad del verde urbano y el acceso al abastecimiento cotidiano. El sexto indicador es la renta personal, incorporada como aproximación a la capacidad adaptativa de la población.

La necesidad de refrigeración se expresa mediante los grados-día de refrigeración, CDD por sus siglas en inglés. Este indicador calcula la suma de las diferencias entre la temperatura exterior y una temperatura de referencia de 23°C para cada día del año, para mantener una temperatura constante en un edificio. Las olas de calor se definen como periodos de más de tres días consecutivos con una temperatura máxima superior a la del periodo de referencia 1981-2010, evaluada en una ventana de 15 días.
Para caracterizar los riesgos urbanos, la calidad de la vivienda se calcula a partir de datos catastrales ponderados por superficie residencial. La calidad del verde urbano se estima mediante el índice NDVI medio obtenido con Sentinel-2 para 2025, con menos del 10% de nubosidad y excluyendo cuerpos de agua. El acceso al abastecimiento cotidiano se mide mediante actividades económicas de abastecimiento ubicadas en un radio de 300 metros de cada vivienda, según Overture Maps.
La capacidad adaptativa se aproxima mediante la renta por habitante del Instituto Nacional de Estadística correspondiente a 2023. El atlas no utiliza un único indicador compuesto, sino un código visual que permite observar cómo se combinan las tensiones climáticas, urbanas y socioeconómicas en cada municipio.
Modelos climáticos y cobertura territorial
Los datos climáticos proceden del proyecto europeo Impetus4Change, financiado por Horizon Europe. El proyecto utiliza hasta 70 modelos climáticos globales y regionales ejecutados por las instituciones del consorcio mediante grandes infraestructuras de computación. A partir de esta información ha sido posible calcular, para cada municipio, la evolución esperada de las olas de calor y de la necesidad de refrigeración entre 2000 y 2050, expresada siempre en valor mediano.

En las visualizaciones interactivas del atlas, una franja rosa representa el intervalo entre los percentiles 25 y 75 de los modelos, mientras que una curva suavizada facilita la lectura de la tendencia. Para cada ciudad también puede consultarse un mapa de alta resolución con las características de su tejido urbano.
La cobertura del atlas alcanza 161 municipios españoles de más de 40.000 habitantes. Quedan fuera Navarra y País Vasco por la falta de un catastro equivalente al del resto del territorio español, y las Islas Canarias por la ausencia de datos climáticos para este territorio dentro del conjunto utilizado.