El 45% de los españoles considera que la seguridad y la salud laboral han mejorado mucho o algo en los últimos cinco años, según el estudio ‘Seguridad y salud laboral’, impulsado por Knauf en el marco de la iniciativa Foro Construyendo Juntos. El informe también refleja que el 48,6% de los encuestados percibe una escasa integración de la cultura preventiva en las empresas, frente al 40% que la considera bastante integrada, aunque con margen de mejora.

El estudio combina un análisis cuantitativo realizado por un instituto de investigación independiente sobre una muestra de 3.000 personas de población general con una fase cualitativa en la que han participado administraciones públicas, organismos de prevención, sindicatos, entidades especializadas y colegios profesionales. Entre ellos figuran el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, el Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo, CCOO del Hábitat, UGT FICA Madrid y los colegios oficiales de Arquitectos y de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid.
Los resultados muestran que el 72,9% de los encuestados considera la seguridad y la salud laboral muy importantes y otro 18,9% las califica como bastante importantes. Sin embargo, el porcentaje se sitúa en el 50,8% cuando se pregunta por la importancia que les concede el conjunto de la sociedad española.
Los ritmos de trabajo y la percepción del riesgo en construcción
Los plazos y ritmos de trabajo elevados son el factor más señalado por los encuestados como principal causa de accidentes laborales, con un 28,9%. A continuación aparecen la falta de formación o concienciación del personal, con un 17,4%; el mal estado de equipos, maquinaria o instalaciones, con un 15,6%; y la falta de inversión en prevención, con un 14,3%.
La construcción y las actividades inmobiliarias son identificadas por el 57,1% de los participantes como el sector más peligroso para sus trabajadores. Les siguen la agricultura, ganadería, pesca y silvicultura, con un 29,4%; la industria extractiva, energía y agua, con un 26,6%; y la industria, con un 25,6%. Estos porcentajes reflejan la percepción de las personas encuestadas sobre el riesgo, no las tasas de siniestralidad de cada actividad.
Las aportaciones de la fase cualitativa apuntan a la necesidad de reducir la distancia entre conocer la importancia de la seguridad y aplicar medidas preventivas en el trabajo cotidiano. Los expertos advierten de que la experiencia acumulada y el exceso de confianza pueden llevar a normalizar prácticas inseguras por el hecho de que no hayan provocado previamente un accidente.
Para Daniel Orta, director de Personas de Knauf, avanzar requiere que la prevención forme parte de la manera de trabajar y se entienda como una responsabilidad compartida. Por su parte, Judith Albalate, responsable de Seguridad de la compañía, destaca la necesidad de integrarla desde la planificación y en cada decisión para anticiparse a los riesgos.
Por su parte, Judith Albalate, responsable de Seguridad de Knauf, destaca que «la prevención debe estar integrada desde la planificación y acompañar cada decisión, de forma que podamos anticiparnos a los riesgos antes de que se produzcan».
Participación de los trabajadores y atención a la salud mental
La capacidad de los trabajadores para comunicar situaciones inseguras constituye otro de los aspectos analizados. Solo el 16,3% de los encuestados considera que un trabajador puede comunicar siempre una condición insegura sin arriesgarse a sufrir consecuencias negativas, mientras que el 26,8% cree que puede hacerlo en la mayoría de los casos.
La fase cualitativa también destaca la creciente visibilidad de la salud mental y los riesgos psicosociales. Los expertos señalan la necesidad de avanzar en su identificación y de desarrollar medidas que permitan abordarlos de forma efectiva.
Los expertos participantes proponen reforzar la educación preventiva desde edades tempranas y el liderazgo de las empresas, con especial atención al papel de los mandos intermedios para trasladar la seguridad al trabajo diario de los equipos.
También plantean simplificar una gestión preventiva todavía muy vinculada a la carga documental e incorporar la experiencia de los propios trabajadores para identificar riesgos y diseñar soluciones adaptadas a cada puesto.