Recetas para mejorar el Urbanismo Mundial en el siglo XXI

‘El modelo de urbanización actual es insostenible’. Esta es la conclusión del Informe Mundial de Ciudades (WCR2016, por sus siglas en inglés) que se presentó el pasado miércoles en Nueva York, en el que se alerta sobre los problemas de desigualdad y cambio climático que puede producir el planeamiento urbano inadecuado desarrollado hasta el momento.

El documento, de 260 páginas, el resultado de veinte años de estudio que transcurren desde la celebración de la II Conferencia de ONU Hábitat sobre Desarrollo Sostenible en junio de 1996, a la tercera edición que tendrá lugar en octubre en Quito (Ecuador) a fin de generar una Nueva Agenda Urbana para el siglo XXI.

En este informe se afirma que la quinta parte de la población mundial vive en unas 600 ciudades, en las cuales se genera el 60% del PIB mundial. Además, estima que en 2030 dos tercios de la población vivirá en ciudades, lo que supone una oportunidad para corregir la inequidad y el riesgo climático existente. Y es que según el informe, una buena urbanización propicia el avance económico y mejora la calidad de vida de todos . 

Para conseguir este desarrollo económico y social, el propio informe otorga un papel primordial a las autoridades locales y nacionales encargadas del planeamiento urbano. Considera que éstas deben abordar un cambio de paradigma basado en un acercamiento holístico que integre marcos regulatorios, planeamiento urbano y financiero, así como un reconocimiento de los derechos humanos y la necesidad de poner a las personas en el centro del crecimiento sostenible.

Además, señala como uno de los grandes problemas la urbanización pasiva o espontánea, a la que califica de insostenible. Un tipo de urbanización que ya estaba recogida en la Declaración de Vancouver 1976 como un problema que conduce a la sobrepoblación, la contaminación y el deterioro general de las condiciones de vida en las zonas urbanas.

Para solucionarlo apuesta por ver a las ciudades como una fuerza positiva que impulse la innovación, el consumo y la inversión en los países desarrollados y los países en desarrollo sostenible, el crecimeinto económico y la prosperidad. Este cambio, apunta, tiene profundas implicaciones para el consumo de energía, la política, la seguridad alimentaria y el progreso humano. 

Bajo estas premisas, apuesta por desarrollar una nueva agenda urbana en la que la urbanización sea el punto de mira en la obtención de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Así, esta agenda se centrará en: 

  1. Introducir mecanismos de financiación y formas de monitorización efectivas.
  2. Planes bien definidos de implantación de políticas que no varíe en función de agendas partidistas.
  3. Reforzar la relación entre urbanización y desarrollo con el objetivo de que se convierta en instrumentos paralelos de crecimiento sostenible.
  4. Establecer enlaces a acuerdos globales conectados con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles.
  5. Promover un nuevo modelo de urbanización universal adaptable a las distintas realidades nacionales.

Además se espera que esta vía incluya cinco principios irrenunciables como son asegurar un nuevo modelo que proteja los derechos humanos y el cumplimiento de la ley; garantizar un crecimiento inclusivo; empoderar a la sociedad civil; promover la sostenibilidad medioambiental y las innovaciones que faciliten el aprendizaje y compartir el conocimiento.

Las ciudades son las plataformas para el cambio global y local en el siglo XXI, asegura el informe. Los paisajes urbanos son los espacios de convergencia de las economías, culturas, política y sistemas ecológicos. Por ello, el director ejecutivo de ONU Hábitat, Joan Clos, considera necesario poner en marca un nuevo marco mundial de evaluación sobre cómo los países implementan la Nueva Agenda Urbana fruto de la Conferencia Hábitat III que se celebrará en octubre.

 
 
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