Un nuevo estudio confirma que la infraestructura verde mejora el estrés térmico y el bienestar

Un nuevo estudio ha analizado cómo los muros verdes y las cubiertas vegetales influyen en el estrés térmico, el estado de ánimo y las respuestas fisiológicas de las personas en entornos urbanos. La investigación midió la frecuencia cardiaca y la actividad cerebral de 58 participantes mediante dispositivos Fitbit y sensores EEG mientras permanecían frente a superficies verdes o cerca de ellas. El estudio demuestra que las infraestructura verde es eficaz tanto para enfriar el ambiente como para ofrecer beneficios en el bienestar físico y mental, lo que refuerza su valor para aliviar el estrés térmico en las ciudades.

El estudio demuestra que los muros verdes y cubiertas vegetales son eficaces tanto para enfriar el ambiente como para ofrecer beneficios para el bienestar físico y mental.

La investigación también recogió encuestas sobre estado mental y percepción de la temperatura, además de datos ambientales para comprobar el efecto real de enfriamiento de estas soluciones. Según los autores, se trata del primer trabajo que evalúa de forma conjunta el impacto de la infraestructura verde sobre el calor percibido y medido, la salud psicológica y respuestas fisiológicas, como la frecuencia cardiaca.

Muros verdes y cubiertas vegetales frente al efecto isla de calor urbana

Según la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, los resultados de este estudio experimental se enmarcan en la preocupación creciente por el efecto isla de calor urbana. El aumento de superficies artificiales y la reducción de espacios verdes pueden elevar las temperaturas urbanas hasta 12 °C por encima de las zonas rurales. En este contexto, la vegetación vertical y en azoteas se plantea como alternativa ante la falta de espacio en ciudades densas.

El ensayo se desarrolló en una azotea de Seúl, Corea del Sur, donde los investigadores instalaron tres tipos de infraestructura verde: una cubierta con plantas naturales, un muro verde con plantas naturales y un muro verde de plantas artificiales. Los participantes eran estudiantes universitarios de entre 19 y 34 años, todos hablantes nativos de coreano.

Durante 11 días, cada participante pasó por cinco condiciones: observar de frente una pared sin vegetación, mirar de frente un muro verde con plantas naturales, sentarse de espaldas a un muro verde con plantas naturales, observar de frente un muro verde con plantas artificiales y sentarse frente a la cubierta vegetal. En cada situación se recogieron encuestas de estado de ánimo y confort térmico, junto con registros de frecuencia cardiaca y EEG.

El equipo midió además variables como velocidad del viento, temperatura del aire y humedad. Con esos datos calculó la temperatura de globo y bulbo húmedo, conocida como WBGT, en el entorno inmediato de los muros y la cubierta. Este índice integra temperatura, humedad, radiación solar y viento, y se utiliza para gestionar el riesgo por calor en trabajos y actividades al aire libre.

La infraestructura verde reduce el estrés térmico

Todas las configuraciones de infraestructura verde redujeron de forma significativa el estrés térmico, medido mediante WBGT, en comparación con la pared sin vegetación. La mayor disminución se observó frente al muro verde con plantas naturales, seguido del muro artificial y de la cubierta vegetal. La percepción de confort térmico de los participantes coincidió de forma estrecha con las mediciones objetivas.

Los investigadores atribuyen parte de la ventaja de los muros con plantas naturales a las especies vegetales empleadas, que liberaron más vapor de agua durante el día que las plantas utilizadas en la cubierta. El muro de plantas artificiales también generó un enfriamiento medible, probablemente por las propiedades térmicas de sus materiales estructurales.

Las respuestas fisiológicas reforzaron los datos ambientales. Cuando los participantes se situaban cerca de vegetación natural, su frecuencia cardiaca descendía de forma significativa respecto a la condición de pared sin vegetación. Los registros EEG mostraron, además, patrones de actividad cerebral asociados con mayor vigilia, activación, relajación y atención.

El estudio indica que la exposición visual a superficies con vegetación tuvo un papel más intenso en los beneficios psicológicos que el enfriamiento físico por sí solo. Este efecto también se observó con vegetación artificial, lo que sugiere que, en lugares donde no sea viable instalar plantas naturales, una infraestructura verde artificial bien diseñada podría aportar mejoras relevantes en bienestar mental. Los autores plantean ampliar la investigación a distintos climas, tipos de vegetación, condiciones del suelo y configuraciones espaciales.

 
 
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