La hoja de ruta de economía circular de Toronto prioriza la construcción sostenible, la gestión de residuos y la reutilización de materiales

La ciudad de Toronto (Canadá) ha adoptado Circular Toronto, una hoja de ruta de economía circular con horizonte a 10 años, con el objetivo de convertirse en la primera metrópoli verdaderamente circular de la provincia de Ontario. El plan busca reducir residuos, fortalecer la economía local y vincular la transición circular con las políticas de clima, vivienda y equidad social. La estrategia promueve un modelo urbano en el que la reparación, la construcción con madera sostenible, las viviendas modulares, los servicios de movilidad compartida y los centros de reutilización de materiales se integren desde el inicio para maximizar la durabilidad, facilitar el desmontaje y prolongar la vida útil de los recursos.

La hoja de ruta establece un plan a 10 años para transformar Toronto en una ciudad circular. Imagen: Ciudad de Toronto.

La iniciativa surge en un contexto crítico: la ciudad genera más de 2 millones de toneladas de residuos al año, cifra que podría incrementarse un 20% en los próximos cinco años, mientras que la capacidad de vertedero municipal está proyectada al límite para 2035.

Minimizar residuos y maximizar recursos

La estrategia plantea diseñar un Toronto donde materiales, edificios, alimentos y productos permanezcan en uso el mayor tiempo posible, combinando objetivos ambientales, económicos y sociales. La hoja de ruta Circular Toronto se articula en tres objetivos principales: reducir el consumo de materiales, atraer y consolidar empresas circulares y sostener un ecosistema sólido de reutilización, reparación y donación.

Para alcanzarlos, el documento define cinco direcciones estratégicas a 10 años y centra la atención en tres sectores prioritarios —construcción, sistemas alimentarios y gestión de residuos— identificados a partir de un estudio de flujos de materiales publicado en 2022.

Circular Toronto centra la atención en tres sectores prioritarios: construcción, sistemas alimentarios y gestión de residuos.

La visión de Circular Toronto concibe una ciudad en la que residentes, empresas y visitantes minimicen residuos y maximicen el valor de los recursos, un objetivo que se articula a través de seis principios que orientan su implementación: pensamiento sistémico, cuidado ambiental, creación de valor económico, fortalecimiento cultural y de capacidades, equidad e inclusión, y rendición de cuentas.

Estos principios se articulan con otras estrategias municipales, desde el plan de emisiones netas cero hasta políticas de reducción de la pobreza y vivienda asequible. La hoja de ruta destaca que la economía circular puede generar nuevos mercados verdes, reducir emisiones derivadas de residuos —la tercera fuente de gases de efecto invernadero en Toronto—, aliviar la presión sobre vertederos y reforzar cadenas de suministro locales frente a disrupciones comerciales y geopolíticas.

La estrategia impulsa un enfoque urbano en el que la reparación, la construcción con madera sostenible, las viviendas modulares, los servicios de movilidad compartida y los centros de reutilización de materiales se integren desde el diseño inicial.

El documento también reconoce los saberes y prácticas indígenas, indicando que la circularidad refleja valores de reciprocidad con la tierra, el agua y los ecosistemas practicados por pueblos indígenas desde tiempo inmemorial. La ciudad se compromete a construir relaciones de largo plazo con comunidades y organizaciones indígenas, apoyando proyectos liderados por estos actores sin apropiarse de sus conocimientos.

En el plano operativo, los tres sectores prioritarios concentran el mayor potencial de retorno a corto y medio plazo. La construcción genera grandes volúmenes de desechos y requiere canales sólidos para materiales recuperados; el sistema alimentario urbano mueve enormes cantidades de alimentos, con pérdidas significativas antes y después del consumo; y la gestión de residuos depende todavía de mercados insuficientes para materiales secundarios, lo que limita la eficiencia de los esfuerzos de reciclaje y reaprovechamiento.

Participación ciudadana y desarrollo de negocios circulares

El primer eje estratégico busca involucrar a la ciudadanía en la transición circular, vinculando esta agenda con problemas como vivienda asequible, acceso a alimentos, movilidad, inflación y vulnerabilidad frente a disrupciones globales. Actividades como reparar, compartir, alquilar o reutilizar contribuyen a reducir gastos del hogar y fortalecer el tejido comunitario. La estrategia prevé campañas de comunicación adaptadas a distintos colectivos, así como mediciones periódicas del conocimiento y la participación ciudadana.

La estrategia promueve la participación ciudadana en la economía circular, abarcando la reparación, reutilización y alimentos, con impacto en ahorro doméstico y cohesión social.

El segundo eje se orienta a acelerar el crecimiento de negocios circulares, identificando oportunidades para reducir costes, mejorar la eficiencia y generar nuevas fuentes de ingresos mediante reparación, reacondicionamiento o modelos de servicio. La hoja de ruta contempla foros sectoriales, guías especializadas y colaboración con otros niveles de gobierno para movilizar inversión y subvenciones. Además, prevé eliminar barreras normativas y administrativas municipales y aprovechar activos de la ciudad —suelo, edificios e infraestructuras— para facilitar la expansión de mercados secundarios y apoyar a start-ups y pymes circulares.

La administración local como motor de la economía circular

El tercer eje posiciona a la propia administración municipal como laboratorio de economía circular. Con un gasto anual en adquisiciones de aproximadamente 3.000 millones de dólares, Toronto puede influir en los mercados si incorpora criterios circulares en licitaciones, diseños y operaciones. La ciudad ya cuenta con experiencias piloto en flota, contratos de durabilidad y reutilización, y programas de deconstrucción selectiva, como el caso de un edificio en Dundas Street West, donde se recuperaron ladrillos, madera y ventanas, evitando residuos de vertedero y generando empleo local.

Paralelamente, la estrategia aborda los procesos internos: mapear flujos de materiales entre divisiones, formalizar sistemas de intercambio de activos y redactar planes por departamento para integrar prácticas circulares. Esto permite optimizar recursos existentes y generar aprendizajes aplicables a otros actores públicos y privados.

Uno de los ejes de la hoja de ruta busca impulsar negocios circulares, fomentando la reparación y nuevas formas de ingreso, con apoyo a pymes y optimización de activos municipales.

El cuarto eje refuerza la dimensión territorial y social, asegurando que los beneficios circulares se distribuyan de forma equitativa en los 25 distritos de la ciudad. Se busca mantener el valor dentro de los barrios, desde materiales y alimentos hasta empleo y habilidades. Programas comunitarios, bibliotecas de herramientas, hubs de reparación y jardines urbanos son ejemplos de cómo la circularidad puede integrarse en la vida cotidiana, generando oportunidades de empleo y formación, especialmente para jóvenes, comunidades indígenas y otros grupos históricamente excluidos.

Colaboración intergubernamental e implementación

El quinto eje de la hoja de ruta reconoce que Toronto no puede actuar de manera aislada. La ciudad colabora con gobiernos provinciales y federales para eliminar barreras regulatorias y facilitar financiación, coordina políticas de residuos con municipios vecinos y participa en redes internacionales como la Circular Cities and Regions Initiative. También se inspira en experiencias de ciudades líderes como Londres, Ámsterdam o Vancouver, adaptando soluciones probadas a su contexto local.

Toronto proyecta para 2035 un modelo urbano que une reducción de residuos, economía local y cohesión social, como ejemplo global de economía circular.

La implementación se organiza en tres fases: los primeros tres años se centran en establecer bases, comunicación masiva y construcción de alianzas; del cuarto al sexto año se escalará la circularidad en políticas, presupuestos, infraestructuras y participación ciudadana; y del séptimo al décimo año se consolidará la circularidad como estándar en todos los sectores y en la identidad urbana. La hoja de ruta actúa como guía flexible, revisable periódicamente, y define roles claros para gobiernos, empresas, instituciones educativas, organizaciones comunitarias y residentes.

Para 2035, Toronto proyecta consolidar un modelo urbano en el que la reducción de residuos se combine con el fortalecimiento de la economía local, la resiliencia de la ciudad y la cohesión social, posicionándose como referencia internacional en economía circular.

 
 
Patrocinio Oro
Patrocinio Plata
Patrocinio Bronce
Salir de la versión móvil