Un informe plantea seis vías para reforzar la competitividad sostenible de Europa hasta 2040

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) identifica en un nuevo informe seis opciones de actuación para reforzar la competitividad sostenible de Europa hasta 2040 en un contexto global más incierto, marcado por cambios geopolíticos, disrupción tecnológica y una mayor exposición a riesgos climáticos y ambientales.

La AEMA plantea seis vías para reforzar la competitividad sostenible europea con circularidad, adaptación climática, tecnología y cohesión social.

El informe ‘Competitiva por naturaleza: la competitividad a largo plazo de Europa desde la perspectiva de la sostenibilidad’ analiza los factores que pueden condicionar el futuro europeo y sostiene que la inversión en sostenibilidad puede contribuir a mantener la prosperidad, la resiliencia y la capacidad competitiva a largo plazo.

El documento amplía el enfoque tradicional de la competitividad, habitualmente asociado a productividad, inversión, precios y crecimiento económico. Para Europa, la competitividad sostenible implica generar valor económico sin deteriorar, y en lo posible regenerando, el capital natural y social del que depende la prosperidad futura.

Seis opciones para la competitividad sostenible

La AEMA señala que no es posible anticipar con certeza qué escenario se materializará en las próximas décadas, pero identifica seis ámbitos de actuación que podrían ser útiles en diferentes condiciones futuras. Entre ellos figuran la ampliación de los enfoques de economía circular y eficiencia en el uso de recursos, así como la inversión en adaptación climática, soluciones basadas en la naturaleza e infraestructuras resilientes.

El informe también apunta a la necesidad de reforzar las capacidades europeas en computación, inteligencia artificial y biotecnología de nueva generación. A ello suma la inversión en capacidades, educación y aprendizaje permanente, junto con el apoyo a la cohesión social, la confianza pública y unos marcos regulatorios eficaces.

La sexta línea destacada consiste en mantener un papel activo de la Unión Europea en la definición de estándares globales sobre sostenibilidad ambiental y social, así como en las instituciones multilaterales relevantes. En conjunto, estas opciones ofrecen una lectura más amplia de los factores que pueden hacer competitiva a Europa en las próximas décadas.

Circularidad, tecnología y cadenas de suministro

La circularidad puede reducir la demanda de materias primas y energía, conservar el valor incorporado en productos e infraestructuras y limitar la exposición a mercados volátiles de materias primas y energía. Las tecnologías digitales, por su parte, pueden mejorar la trazabilidad de materiales, la gestión de los sistemas energéticos y la vigilancia ambiental.

El informe subraya además el papel de las capacidades profesionales para facilitar la adopción de nuevas tecnologías y prácticas. También atribuye importancia a unas instituciones eficaces, capaces de aportar certidumbre a la inversión y legitimidad pública, y a la cooperación internacional para respaldar estándares comunes, relaciones económicas diversificadas y cadenas de suministro más resilientes.

La AEMA advierte, no obstante, de la necesidad de identificar sinergias y gestionar compensaciones entre objetivos. La electrificación puede reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero incrementar la demanda de redes y materiales críticos. Prolongar la vida útil de edificios e infraestructuras puede favorecer la circularidad, aunque también mantener activos ineficientes o vulnerables al clima.

La producción de base biológica puede sustituir recursos fósiles, pero también aumentar la presión sobre el suelo, el agua y los ecosistemas. Por ello, la competitividad sostenible a largo plazo depende de evitar el traslado de riesgos entre sectores, territorios y generaciones.

Aplicación coordinada de las políticas europeas

El informe considera que Europa ya cuenta con una base política relevante para avanzar en muchas de estas líneas. El reto central es convertir esa ambición normativa en una aplicación coordinada, con la velocidad y la escala necesarias.

Para ello, la AEMA señala la importancia de sostener la inversión, asegurar la coherencia de las políticas, disponer de las competencias adecuadas, contar con instituciones capaces y mantener flexibilidad para adaptarse a la evolución de las tecnologías, los riesgos climáticos y las condiciones geopolíticas.

Más que predecir un único futuro o prescribir una sola vía para Europa hacia 2040, el informe plantea una orientación estratégica basada en crear valor económico mientras se mantiene y fortalece el capital natural y social del que depende la prosperidad futura.

 
 
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